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Neurociencia: así percibimos los olores

En ‘Muy Interesante’, nº 367, diciembre 2011.

Stephen era un estudiante de Medicina neoyorquino de 22 años que, tras consumir drogas durante algún tiempo, experimentó un extraño trastorno. “Entré en una tienda de perfumes. Hasta entonces no había sido demasiado sensible a los olores, pero de repente discriminaba instantáneamente unos de otros, y cada uno de ellos me parecía único, evocador, todo un mundo. […] Entraba en la clínica, olfateaba como un perro, e identificaba antes de verlos a los 20 pacientes que había
allí. Cada uno tenía una fisonomía olfativa propia, un rostro de olor”, contó Stephen. También distinguía las calles y las tiendas por el aroma, e incluso podía “orientarme y andar por Nueva York guiado solo por mi nariz”.

Por raro que parezca, Stephen no sufría alucinaciones. Como cuenta el neurólogo Oliver Sacks en su famoso libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, aquel muchacho padecía hiperosmia, es decir, una potenciación del olfato debida a una agitación de las neuronas que liberan el neurotransmisor dopamina.

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Acerca de Elena Sanz

Periodista científica. Editora de contenidos. Experta en periodismo digital, Internet y redes sociales.

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